La esquina del Niño Aparecido de Mérida

(18 mar 2020) En una calle que tomaba el camino a Caucel (ahora 49 x 68) había una casa con estructura más grande que las otras, que eran de paja o de barro, como decían, esta casa era de “mampostería y teja” en su patio con albarrada baja se veía muchos árboles frutales. La casa tenía dos puertas, la puerta que daba en el ángulo de las dos calles, se entraba a una tienda.

Se vendían lo del uso domestico además de anís amargo o xtabentún. En esa casa vivían la dueña que era “doña Sebita” de unos setenta años y tres mujeres más de medio siglo en adelante, estas nunca habían oído la Epístola de San Pablo. Una de nombre Narcisa que de cariño le decían “Xcisita”, la señorita era muy fantasiosa. En una noche de difuntos en la tienda ofrecieron “mucbi-pollos y Tanchocua”  ( bebida que tiene “trago”, masa, pepita y chile habanero) a sus clientes, así que comieron y bebieron mientras hablaban de las cualidades y virtudes de sus fallecidos. En esa época de muertos todos se acostaban a dormir temprano, por que las ánimas pasaban a una hora determinada. En la noche a las nueve empezaban a repicar las campanas de todas las iglesias y conventos para que estén en casa porque nadie debe de estar fuera al paso de las ánimas. En todas las casas tenían sus altares por las fechas.

La seño Sebita se fue a dormir y dejo en la tienda a unos clientes y a sus hijas que sigan con la “chorcha” comiendo y bebiendo xtabentún, algunos que oyeron las campanadas se fueron corriendo para su casa otros no, se quedaron. Empezaron los cuentos de espíritus y Xcisita tuvo consecuencias.

Xcisita era miedosa de todo del otro mundo

Xcisita como ya estaba de tragos decía que quería ver a las ánimas pasar y abrió la ventana de par en par y se sentó a esperarlas. Faltando poco de la media noche Xcisita seguía esperando, ya en la madrugada el lloriqueo empezó, despertó a todos y fueron a buscar a la seño Sebita, cuando se enteró que ella estaba cerca de la ventana y esperando a los espíritus, le dio de cachetadas y pellizcos y gritando improperios y la acostó a su hamaca, agarró guanos benditos y vapuleo en todo su cuerpo a Xcisita y en cada golpe gritaba “Okuen haha dios, xenquisin”, que quiere decir; entra dios y vete diablo.

Xcisita gritaba que había visto y oído a las almas en pena, se calmó empezó a contar, “que oía una campanita y vio perfectamente a las ánimas pasar de batones blancos todas agarrando una vela encendida, todas viendo de frente siguiendo, al que tocaba la campana, pero la última alma en pena se vira hacia mi y me dice; por tu tontería este mismo día y hora, el próximo hanal pixan vendrás con nosotras” y le dio su ataque de llanto.  Lo más seguro, es que era una ánima quisquillosa o envidiosa. (que en paz descanse).

Xcisita sabía el día y la hora de su muerte

Xcisita puro llorar hacía, pues llevaba ventaja sobre los demás mortales, ya sabía cuando le tocaba, pues si, ya sabía la hora y día de su muerte. Su mamá estaba molesta, esta bien que uno se muera cuando Dios disponga, no hay remedio, pero no, que ella se lo haya buscado y menos que una ánima, de dudosa clase, que nadie sabe y lo más seguro, una “chocarrrera maligna”.

La seño Sebita y las señoritas, fueron a ver al sacerdote de Santiago le contaron con pelos y señas todo lo que le dijo el bendito espíritu. El cura pidió dinero para una serie de misas, rosarios, veladoras para un tiempo, para que esa ánima recupere la razón y se le olvide pasar ese día por Xcisita. Se enteraron que había una monja del convento de allí cerca de su casa, que era buena para los milagros y lo mismo, hablaron con ella se iba a rezar por “el alma en pena, que lo más seguro que en vida tenía mala reputación”. Enseguida mandaron al convento cajas de mercancía como donativo para los rezos.

Conforme el tiempo pasaba todas se desesperaban por saber que ya estaba más cerca su muerte de Xcisita. No aguantaron y contrataron al mejor Xmen, uno que llegaba de Hunucmá. El santero hizo que Xcisita, se hincara en la habitación donde cerca de la ventana donde fue el evento, le pasaba en su cuerpo hierbas como la ruda y albaca y la salpicaba de Xtabentún a ella y todo el lugar ( el hacía buches del anís y se lo escupía) todas veían ese ritual. Como iluminado el Xmen, con una mano sobre la boca y la otra extendida hacía arriba, impuso el silencio y dijo así en voz alta; “Oyiste que habla la alma, oyiste el muerte; las almas pasan junto de las casas en la media noche, el que ve su pena de ellas, y tu lo oyistes, si lo oyes otro hanal pixan, entonces Quimin (muerte), lo van a decir, hoy te salvo porque me lo dijiste viernes sin chiquinic; busca un chichán-canán y cuando se empiece a guardar la luna en hanal pixan, tu no sacas la cara, lo sacas su cara del chichan-canán y con una vela que aura te lo traigo, después de que lo entierro en la noche como hoy, lo saco como el martes”.   

Nadie quiso prestar a un chichán-canán

Concluyó el Xmen, las de la casa sobre todo Xcisita se creyó ya libre de resolver el asunto. Lo que no parecía fácil era el indispensable chiquito (chichán-canán) que la madre o un familiar quiera prestar para ese ritual. Nada menos que el día y la única noche que vienen las ánimas en procesión. Se cuenta, que estos espíritus vienen a echar una cana al aire, a refrescar memorias y ajustar cuentas como saben hacerlo los ciudadanos de ultratumba. La seño Sebita y las señoritas se dedicaron en cuerpo y alma (más de cuerpo) a buscar con ahínco el conseguimiento del Chichan-canán (niño pequeño) que debía salvar la preciosa y luenga existencia de Xcisita.

La satisfacción de poder eludir a la quisquillosa ánima, la llevo a contar a todo el mundo lo que le pasó y lo que le dijo el Xmen. Así que por supersticiones o por precaución nadie quiso cooperar, de ninguna manera el préstamo del chiquillo. Algunos, las sacaban de la casa cuando entendían que querían a su niño.

Ya solo faltaba unos días para la procesión

Faltaba más de una semana para la fecha esperada y aún no contaban con el infante, se esperaba que en el camino a Caucel vengan personas de los pueblos, eso era normal llegaban para visitar a sus familias o promesas de esos días en el cementerio. Hasta que la buena estrella de Xcisita llegó, una mujer con cuatro pimpollos y uno en el vientre le pidió un rincón de la casa para quedarse dos días a cambio de cinco gallinas una carga de espelón y maíz que ofreció por hospitalidad, eso acabó de persuadir a la seño Sebita y a las señoritas. Aquello si era un milagro pues eso parecía. Todos lo chiquillos eran varones y se podía escoger el apropiado para la treta. Lo que hicieron es tratar de que la mamá de los niños saliera de la casa, todas muy amables y conversadoras con la señora, no se podían arriesgar que alguna vecina chismosa, le contara algo. Legó el día esperado y desesperado y lógicamente en la noche. Cuando llegó la hora la chispada imaginación de Xcisita ya tenía en la mano al niño de tres años y temblando como si viera al mismo “mejen quisín” (demonio) siguió al dedillo las instrucciones de Xmen, alzó un poco  e hizo sacar la manita del niño con la vela encendida y cuando consideró que las ánimas ya habían pasado termino aquello. El niño ya empezaba a protestar a lloriquear porque ya quería su “chuchu”. En cuanto los parroquianos y catadores de las bebidasantes del toque de queda fueron haciendo prudente su retirada. Hasta después de la “octava” de hanal pixan, Xcisita y familia pudieron creer que la ánima bendita quedó chasqueada. Desde entonces bautizaron a la tiendita, “El niño aparecido”, tomando en cuenta lo inesperado y oportuno de su llegada a la casa. La esquina del niño aparecido forma el ángulo de la 49 x 68.

Rezumen del Niño Aparecido del libro; Esquinas de Mérida y otras leyendas de Eduardo Aznar D.

Cuando vengas a Yucatán visita

Celestún, tiene una Reserva de Biosfera, Ria Celestún, tiene dunas, manglares, uno de sus grandes atractivos es el avistamiento de flamencos, ver la isla de los Pájaros, es una reserva ecológica más rica en especies.

Yyyy ya.

Fuentes de información

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Autor, Elsy Alonzo

Aficionada a la lectura y escritura en especial a temas de leyendas.

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