(07 2017) Leyenda de México. Solo el Creador sabrÃa qué clase de pasatiempo tendrÃan aquellas personas en aquella estancia, todo indicaba que era de alegrÃa, después de un vasto silencio le cayó a alguien una maldición y empezaron los insultos y humillaciones. Mateo siempre demostró buena educación. Solo Dios sabe qué clase de diversión tenÃan en el cuarto. Después del golpazo de la puerta hubo mucha quietud.
De  la calle Nahuatlato, (7) Republica de Salvador. Este caserón era grande con mucho arte, fue construido en el siglo XVII por el alarife Alfonzo Ayala. En un rincón del segundo patio de esta casona, habÃa un cuarto que no recibÃa luz solo la claridad de un arquillo que accedÃa a una zotehuela, era un espacio para ir al tercer piso.
Era una habitación de una hoja, su puerta baja, con cerradura de gran chapa de hierro, cuando entraba la llave tosca hacÃa mucho ruido al abrirse la puerta, rechinaban las bisagras.
Cuando se oÃa el escándalo de chirridos, era porque en ese oscuro cuarto entraba el viejo comerciante Mateo FarÃas era su bodega ahà guardaba mesas, anaqueles, ropa y gran cantidad de telas para sabanas y almohadas, encajes, linos, cambayas con estos hacÃa negocios con mucha habilidad y doblaba su ganancia.
Mateo siempre “demostró" una excelente educación
A ese cuarto entraban otros hombres de negocios a escoger telas, iban por piezas de telas o entraban con otras, él decÃa que en su tienda vendÃa barato y por eso iban hombres de negocios y tardaban para escoger lo mejor.
Mateo FarÃas se pasaba mucho rato en ese cuarto, los vecinos chismosos comentaban que el mercader hacÃa su siesta ahà o acomodaba mejor su mercancÃa.
Mateo pasaba de los sesentas, era alto, flaco y blanco de rostro, con barba canosa y siempre se la alisaba, tenÃa un habla dulce, saludaba con cortesÃa, sus conversaciones agradables y discretas, se expresaba bien, siempre encontraba una frase llena de cordialidad.
Solo Dios sabe la clase de diversión que tenÃan
El “alma†de Mateo demostraba calma y benevolencia. Contaba con la estimación de hombres ricos y pobres, solo se oÃa “señor Mateo por acᆓseñor Mateo por ahÃâ€, el señor en excelente consideración por honrado y amable.
Una noche hubo un gran alboroto en el cuarto de Mateo, los que se encontraban ahà se movÃan rápido y se escuchaban palmadas, risas gritos, por un momento hubo mucho silencio y después muchas carcajadas, este gran alboroto los vecinos creÃan que los asistentes estaban muy contentos.
Solo Dios sabe qué clase de regocijo era, aquellas personas que le salÃan largas y fuertes carcajadas, ¿acaso habÃa algo chistoso juego de manos?. Lo que si sabÃan los vecinos, que en ese cuarto todo era de alegrÃa y felicidad.
Por un rato hubo silencio y cayó una maldición, después muchos insultos e injurias, se empezó a entender que a alguien ofendÃan con aquella extraña multitud de vejaciones, otra vez se oÃan las risotadas y de nuevo las ofensas.
Quietud, se oyó el golpazo de la puerta al cerrarla
El sueño se les quito a todo los vecinos trasnochados por la buya que se armó en la habitación de don Mateo FarÃas, a la mañana “Venezuela†la conserje,  una ágil chaparrita barrÃa el segundo patio, le empezó a temblar sus carnes de terror, echaba gritos largos, el espanto le causaba ver que de la puerta de Mateo FarÃas salÃa un hilo de sangre, ya coagulada.
Que los que estuvieron la noche anterior lo más seguro es que hubo un crimen o dejaron a alguien herido, los vecinos consternados en el patio; las noticias llegaron a la calle, y las personas acechaban la sangre, hasta que llegaron los alguaciles y un estirado alcalde de Corte (administrativo- judicial) y un cerrajero, abrió la puerta.
Al entrar al cuarto los vecinos y muchos curiosos, sintieron un aroma suave que era una delicia lo que olÃan, no emanaba de los linos, de ninguna tela, con espanto abrieron los ojos, se quedaron sin moverse petrificados.
Lo que veÃan, se quedaron embobados
En una pared se hallaba clavada con un puñal una Virgen de color relumbrante, tenÃa los brazos abiertos como si fuese a bendecir, una sonrisa tenÃa en su boca breve, el cuchillo enterrado en el pecho le salió por la espalda y quedó clavada en la pared que entró al acero. De esta herida salió abundante sangre  y bañaba el cuerpo y corrieron hilos de sangre.
Llegaron hasta el suelo los chorros de sangre, se hizo un charco y se fueron hasta la puerta para salir de ella y llegar al patio. Estaba cubierta la Virgen de gargajazos, los que no le atinaban amarilleaban la pared. Aquellos desgraciados judÃos la escupÃan en la cara, por eso cuando le atinaban era el regocijo de los gritos y las risas, cuando decÃan un improperio.
Todas las personas que ahà estaban maldecÃan a Mateo FarÃas y a su caterva. PedÃan pronta justicia contra los delincuentes, ¡Que la leña los quemen, y sus restos que los tiren en las letrinas! ¡que ardan junto a ellos sus hijos y toda su familia! ¡Que los descuarticen, a cada pierna y brazo amarrado a la cola de un caballo y que corran asustados en rumbo distinto, para que le desprenda cada miembro! Asà sonaban las maldiciones.
Llegaron de la iglesia de la Catedral, regidores del Ayuntamiento, frailes franciscanos y agustinos, el secretario del Virrey de Su IlustrÃsima el señor arzobispo notario apostólico, levanto un acta en la que se relató lo sucedido, firmaron las autoridades y la gente presente.
Unos curas lavaron el suelo con agua bendita
De esa acta se hicieron tres, una al papa, para la Mitra diocesana y para la iglesia de Balvanera, se acordó poner a la Virgen bajo vidrio con marco de plata y su hechura le costarÃa a los vecinos de la casa porque ahà se hizo el milagro.
A esa iglesia se llevó a la Virgen que se le llamó Virgen de la Daga y se le quedó el hierro que la traspasó. Los frailes limpiaron el suelo con agua bendita y algodones estos fueron repartidos a las personas, rasparon la pared y lo rojo fue repartido a los fieles que guardaron con  adoración. Una porción de este polvo se guardó en una urna de cristal se colocó en el altar de la iglesia de Balvanera.
Alguaciles buscaron y rebuscaron en toda la cuidad a Mateo FarÃas para llevarlo a la Santa Inquisición, nunca apareció. Era un hipócrita se ganó la estima con obras fingidas. En un solemne Auto de Fe un gentÃo†hizo un muñecote como si fuera él y fue a dar a la hogueraâ€.
Se supo después, que murió de Lepra, se quemó todo lo de su casa los judÃos que tenÃan sospechas se fueron a las cárceles del Santo Oficio donde murieron entre las llamas del quemadero. Â
Autor: Elsy Alonzo
Aficionada a la lectura y escritura en especial a temas de leyendas.
Fuentes de información
- www.cfilma.cultura.cdmx.gob.mx
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