(05 2026) Leyenda de México. La congregación de los dominicos en Oaxaca no tenían un buen templo que los albergara de acuerdo a sus necesidades, sin otra alternativa decidieron vivir en el convento de Cuilápam en Oaxaca. Era un templo sencillo y pequeño según los frailes no correspondía con sus pretensiones religiosas de evangelizar a los indígenas.
Fray Domingo estaba cargo del lugar, además de profesar la religión, tenía conocimiento de Arquitectura y coincidía con el resto de la congregación, en construir un nuevo templo grande como los que habían en la Nueva España. Este fraile tenía la obsesión de un templo magnífico, quería engrandecer la orden religiosa de los Dominicos, quería distinguirse de entre los demás.
Fue hecho en una noche
Una noche, los frailes ya dispuestos a descansar, arribó al convento un carruaje negro llenos de piedras de oro, los corceles negros infundían temor. Del coche bajó un caballero alto, vestido de negro, portaba un bastón y un sombrero de igual color. De rostro blanco, barba puntiaguda acicalada, una mirada que penetraba. Cuando descendió los perros ladraban de todo el vecindario, miró el convento de un extremo a otro, los animales se silenciaron de golpe. El hombre tocó la puerta del convento y pidió hablar con fray Domingo la charla duró hasta la madrugada. Las visita se repitieron cada noche, a la misma hora, el mismo carruaje y el mismo hombre que infundía miedo. De la habitación donde era el encuentro se escuchaban, ruidos, carcajadas, voces y golpes.
Un día por fin, el padre Domingo mando a llamar a todos los frailes, les dijo que ya no habría más visitas nocturnas y regresara el templo su calma, pero les pidió un último favor, que por ningún motivo salgan de su dormitorio esa noche. Algo extraordinario va a suceder, pero lo que escuchen no salgan de sus habitaciones, ¿entendido?
Justamente a las 12 de la noche llegó el carruaje, una vez dentro del convento se empezó a escuchar, carcajadas, vituperios, blasfemias contra la religión, los santos, virgenes y encontró de los mismos frailes. El miedo invadió a todos, desesperados entre abrían las puertas para acechar, solo veían sombras, espectros fantasmales, rostros diabólicos y uno que otro animal monstruoso.
Esas sombras, construían el templo anhelado, el caballero dirigía la edificación. El templo estaba a punto de ser terminado, cuando a lo lejos se escuchó el canto de un gallo, pero aún no amanecía, el animal no debía de cantar, inmediatamente los otros gallos del vecindario cantaron, lo que ocasionó que todos las sombras, espectros y el hombre de negro desaparecieran.
El pacto fue por un templo magnífico
A la mañana siguiente los frailes salieron de sus dormitorios y sorprendidos vieron un nuevo templo yacía a lado de la vieja construcción, pero no estaba terminado, confundidos corrieron hasta donde fray Domingo descansaba, todos lanzaban preguntas, tanto de la construcción y los ruidos de la noche anterior. No hubo respuesta, quedo mas que sacar conjeturas. No volvieron a ver aquel caballero de negro, no se explicaban cómo el nuevo convento había sido levantado en tan solo una noche.
Pasaron los años y fray Domingo envejeció, un buen día cayó enfermo, en plena agonía decidió confesar, como había sido construido el templo. El caballero de negro, supo de su ferviente deseo se ofreció hacer su sueño realidad si el Prior le entregaba las almas de la congregación. El demonio dijo, que en una noche en menos que canta el gallo, rechace el ofrecimiento. Él insistía venía cada noche para ver si cambiaba de opinión. Después de tanto pensar, me vino una idea que podía vencerlo. Yo ya tenía un gallo amaestrado, este tenía que cantar cuando le pusiera junto a él, una gallina culeca, me llevó unos días enseñarle. Llegado el momento el diablo se presentó y comenzó su obra maestra. Me sorprendí con la rapidez que iba , tuve que apresurarme para que todo saliera según el plan. Cuando ya estaban en la cúpula, corrí por la gallina, los nervios se apoderaron de mi, cuando ví la gallina no estaba en su lugar, de pronto la ví acurrucada en un rincón. Salí rápidamente del gallinero y que nadie me viera fui donde estaba el gallo y este al sentirla cantó alegremente. Según dicen, que el padre Domingo falleció con un olor muy particular, se esparció por todo el lugar, hay quien asegura que por las noches, se ven las sombras de un caballero negro deambulando por los rincones del templo.
Autor: Elsy Alonzo
Aficionada a la lectura y escritura en especial a temas de leyendas.
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