La Calle de las Tres Cruces: Fue por un amor imposible
Leyenda de Zacatecas. La casa de Don Diego de Gallinar era imponente, con sus tres pisos, junto a casas humildes a sus lados. Don Diego era tÃo y tutor de su sobrina una muchacha joven y bonita, ella era Beatriz Moncada acababa de salir
La Cruz de la calle Del Arco
Leyenda de Taxco Guerrero. Un novio jamás debe llevar a un amigo casi a diario a conversar con la novia, es la mayor estupidez que puede hacer un joven o a la inversa. Una pareja con romance terminó en tragedia, el joven enamorado
Calle de la Quemada (5a.calle de Jesús MarÃa)
Leyenda de México. Una hermosa joven de buen corazón, ayudaba mucho a los necesitados y enfermos, era de las que se desprendÃa de sus cosas, para que otros se ayuden, se enamoró de don MartÃn y él estaba loco de amor por ella, este
Calle de la Cruz Verde (fue aceptación de boda)
Leyenda de México. En la época de los virreyes, la entrada de México se llenaba de gente las calles y avenidas, por el dÃa en que llegaba la comitiva que los monarcas hispanos enviaban. Era el cortejo de nobles y caballeros que
Leyenda, el ladrón del cementerio
Leyenda de Mexico. Hace muchos años en la época de la colonia habÃa una anciana de alta estirpe descendiente de uno de los conquistadores. Esta señora vivÃa sola en una vieja casona que parecÃa que se iba a caer de un momento a otro.
Las muñecas "humanas" asustan
Leyenda de Rusia. La gente, que iba a tres cementerios afirmaban escuchar gritos y lloriqueos en ciertas tumbas. Eso serÃa un tÃpico reporte paranormal. Sin embargo se obtuvo una información que causó escalofrÃos. Las diez criptas de
La calle de los perros: Devorada por sus canes
Leyenda de Zacatecas. A Doña Nicolaza Rojas, la gente le decÃa, “Doña Cajón de Realesâ€. Se presumÃa que estaba reuniendo dinero para mantener a sus animalitos. Siempre decÃa, apenas tengo un cajón chico de reales. Su casa tenÃa
La Silla del Cementerio y El Gua gua Auca
Leyenda de Ecuador. Los guardias del panteón, fueron testigos de las visitas del enamorado. Decidieron colocar su silla en su tumba. El idilio de amor que tuvieron Josef y Elizabeth fue verdadero. Dos extranjeros y su repentino