El fantasma del Matadero y el Convento de Monjas
Leyenda de Mérida. La esquina del matadero viejo y El fantasma del Convento de Monjas de Mérida. Calle 66 x 67, las esquinas desde la época Colonial se les daba el nombre por algún evento que haya pasado o solo por un objeto. Esta
El puente de los duendes de grandes colmillos
Leyenda de Puebla. Hace muchos años, en Tehuacán pasó hechos muy extraños, uno de los del pueblo don Hilario muy conocido de ahÃ, acostumbraba a ir de parranda, los fines de semanas para olvidarse del trabajo y siempre regresaba a
La leyenda: El Puente de Piedra.
Leyenda de Costa Rica. Le ofreció su alma al diablo a cambio que haga el puente. Es una formación geológica ubicado sobre el rio Poró es una enorme piedra y en medio tiene un agujero, esta acondicionada para el paso de carretas. Se
La Miseria, Leyenda Criolla
Se cuenta que habÃa un individuo llamado Miseria y era herrero. Estaba cansado de la pobreza que no tenÃa ni para darle de comer a su familia y le entregó su alma al diablo por tres bolsas de oro. Pero en un año satanás venÃa a
Lady Godiva recorrió el pueblo desnuda
Leyenda Medieval Inglesa. Esta mujer le pidió a su esposo que bajara los impuestos, él era un noble, pero un noble sinvergüenza. Él se portó como un caballero accediendo a la petición de su mujer pero con una condición, que
El tesoro de La Joya: Un alma en pena pide ayuda
Leyenda de Zacatecas. En la localidad de Fresnillo por la minerÃa, atraÃa a cientos de aventureros y mercaderes, según decÃan que sacaban oro y plata “a flor de tierraâ€. Era el año 1585 y habÃan descubierto las minas de San
La Calle de las Tres Cruces: Fue por un amor imposible
Leyenda de Zacatecas. La casa de Don Diego de Gallinar era imponente, con sus tres pisos, junto a casas humildes a sus lados. Don Diego era tÃo y tutor de su sobrina una muchacha joven y bonita, ella era Beatriz Moncada acababa de salir
La Silla del Cementerio y El Gua gua Auca
Leyenda de Ecuador. Los guardias del panteón, fueron testigos de las visitas del enamorado. Decidieron colocar su silla en su tumba. El idilio de amor que tuvieron Josef y Elizabeth fue verdadero. Dos extranjeros y su repentino