Los gitanos en Mérida y La novia era visitada en casa

(23 mar 2022) Leyenda de Mérida. Hace muchos años, llegaban a la ciudad Los Húngaros o gitanos, y en las casas era una forma de asustar a los niños, “no salgas porque te roban y nunca vas a volver a casa”. Esa fama tenían.

En los 60 era común ver en las calles mujeres de todas las edades con su ropa tradicional, faldones largos de flores, con pañoletas en su cabeza, collares y aretes largos, la mayoría andaban con su pelo largo suelto, vendiendo baratijas y unas más confianzudas que se acercaban y te tomaban de la mano para leértela, otras te querían leer las cartas, había gente que no le gustaba. En grupos andaban por las calles. Los hombres se paraban en una esquina y hacían volantines y piruetas con unos perritos a ver quien les daba monedas. Se estacionaban más en el centro, ahora mercado, antes era la escuela Felipe Carrillo Puerto. En su andar, pedían comida y agua había personas que cuando los veía, cerraban puertas y ventanas, les tenían miedo. Ellos vivían como en unas casa de campaña que parecían un pequeño circo.

Tenían fama de robar niños, se cuenta, que en una ocasión una húngara toco la puerta de una casa, el que abrió era un niño. Ella le sujetó la mano y el chamaco empezó a gritar a pedir ayuda, llegó el papá, y dicen que nada más por eso no se lo llevó. Había muchas historias de esta índole, también que alguna vez una de ellas había dejado a un hijo a una familia de aquí. Después ya no se veían y no regresaron.

Salió con su domingo siete: la novia era visitada en casa

Cuando la novia era visitada en casa. Hace muchos años, el pretendiente iba a la casa de la muchacha a verla, se sentaban en la sala o sacaban sus sillas en la puerta. No podían verse a solas en la calle. A veces la tía o alguien se sentaba de lejos para verlos o cuando estaban sentados en la calle a cada rato salían acechar, hasta les ofrecían una limonada con tal de vigilarlos.

Los novios, al salir siempre lo hacían acompañados con un chaperón, para salir al cine, misa o algún baile, nunca solos. La novia no iba a la casa del novio para nada, solo antes de casarse se les presentaba a la novia para que la conocieran los futuros suegros.

Se cuenta, que si la novia salía con su “domingo siete” se tenía que casar con el joven, sí los padres del novio, no querían que se casara y tampoco el joven lo quería hacer, lo mandaban a otro estado o al extranjero, porque corría el peligro que el padre de la novia le diera un balazo o lo agarraran y le quitaran los testículos y el pene (hubo dos casos muy sonados aquí de gente importante). 

La chica en los bailes, esperaba que la invitaran a bailar

Antiguamente, en los bailes cuando las muchachas iban sin pareja se quedaban sentadas a esperar que algún joven la sacara a bailar. Los muchachos caminaban entre las mesas a ver, a las chicas, cuando ya tenían alguna en la mira, como no se conocían, algunos se ponían nerviosos porque ellas, si les gustaba o no, los aceptaban, así que ellos tenían miedo porque sus amigos los burlaban y regresaban “con la cola entre las patas” así se decía, ellos mismos empujaban a sus amigos para que se animaran y se arriesgaran porque les gustaba aquella chica.

En el baile los conjuntos tocaban serie de siete piezas . Después de cada serie, él la acompañaba a regresar donde estaba sentada. El joven y la chica bailaron, si se gustaban o se caían, pues bailaban todas las series de la noche, sino, la siguiente serie, el joven ya no la saca a bailar o la muchacha la siguiente serie, le dice, que no acepta bailar con él.

Pues sí, así era hace muchos años. Y en las mesas se veía varias señoras mamás de las chicas, llevando a bailar a los novios o a su hija, ahí viendo el baile, algunas aburridas otras dormidas, sus conversaciones de las doñas, eran lo que soñaban en ese momento. Pero ahí estaban cuidando su tesoro.

Autor: Elsy Alonzo

Aficionada a la lectura y escritura en especial a temas de leyendas.

Fuentes de información

  1. www.elsoldepuebla.com.mx

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